Recuerdo que le llamaban conflicto en vez de guerra y yo no entendía muy bien por qué. ¿Acaso no llevaban fusiles los cascos azules? ¿Y los otros? A mis ojos infantiles la guerra se desarrollaba así; Por un lado se veía a ese incómodo paladín que era la OTAN buscando minas entre los escombros, paseando arriba y abajo con moderníssimos tanques y por el otro lado no había nada, un enemigo ausente del que llegaban extrañas noticias. Recuerdo preguntarles a mis padres y verles pasar apuros intentando explicarme aquel embrollo.
Estaba claro que la guerra era mala, y que los cascos azules eran de los nuestros pero que tampoco eran mucho de fiar. Mas allá de estas vagas nociones se extendía una guerra extraña e incomprensible en un país dificilíssimo de localizar en el mapa, una frontera escondida entre la maraña de ex-repúblicas soviéticas de perfiles impossibles y nombres impronunciables. Luego vino lo de Mónica Lewinsky y todo lo demás empezó a darnos mas o menos lo mismo.
Ahora, con algunos datos más intento reconstruir la foto fija, haciendo encajar mis recuerdos confusos con la wikipedia. Por un lado estoy yo haciendo mis ejerciciso de gramática echado en las baldosas de la terraza, por otro lado la limpieza étnica en el antiguo basurero de la URSS y para completar el bodegón una becaria felando a un Bill Clinton sonriente. Podría creer que son tres compartimentos estancos, que su coincidendia en el tiempo es mera coincidencia, pero en realidad son los pilares maestros de mi educación política, del mundo tal y como lo he conocido. En definitva, ¿Ése soy yo? ¿Ese bodegón es lo que me devuelve el espejo? Provable y aterradoramente sí.